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“Quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoje” Refrán castellano

Ha llegado el momento de ser humilde: Las euforias precipitadas pueden pasar factura

Miguel Massanet Bosch. Me duele tener que reconocerlo, pero no queda más remedio. El señor Iglesias y su partido, Podemos, han sabido usar con inteligencia las salidas de tono y el excesivo optimismo del resto de partidos; me refiero a los importantes que, durante estos últimos días, vienen cometiendo errores que, sin darse cuenta de ello, les pueden costar caros a la hora de las elecciones del día 20D.

Los de Podemos, de una salida atropellada, de unas declaraciones absolutamente desquiciadas y de unas propuestas inverosímiles, que les sirvieron para captar a los más extremistas de una izquierda devaluada; han sabido rebajar el tono, adecuarse a lo que han sido unas pésimas noticias para ellos, como ha sido el fiasco de Syriza en Grecia, el cambio de chaqueta del señor Tsipras, al que habían convertido en la imagen de lo que debía ser la nueva política revolucionaria en España y, finalmente, la victoria de la oposición contraria a la dictadura de Maduro, en Venezuela; precisamente el dirigente de una nación a la que ellos habían ensalzado y puesto como ejemplo de lo que ellos pretendían imponer en España.

Las equivocaciones del resto de formaciones políticas, especialmente del PSOE y, en cierta manera, de Ciudadanos, les han permitido adoptar una postura que se podría considerar de un cierto conservadurismo, para aplacar a los que, con anterioridad, habían asustado con sus posturas extremistas y excesivamente revolucionarias e intentarlos atraer de nuevo hacia ellos, desistiendo de posturas antieuropeas, de negarse a pagar los intereses de la deuda pública u ofrecer imposibles, como era el caso de una renta básica para todos los españoles, a partir de la cual pensaban que iban a solucionar el problema de la pobreza en España.

No es que, ni por un solo instante, hayamos pensado que, si ganasen las elecciones, si obtuvieran el poder, iban a ser fieles a lo que, en estos momentos, parecen sostener; al contrario, lo que pensamos es que se han puesto encima la piel de cordero para inspirar confianza a todos aquellos que, aburridos por la política de los últimos años, víctimas de la prolongada crisis que hemos padecido y deseosos de confiar en quienes se han presentado como los grandes reformadores de las instituciones, revestidos de la túnica blanca de la inocencia, que les confiere la circunstancia de no haber gobernado nunca, al menos aparentemente, porque en Venezuela se habla de que aconsejaron a los poderes públicos de Maduro, sobre como hacer escuchas en los locales de la oposición o como aplicar políticas económicas que, finalmente, han sido caóticas para la ciudadanía venezolana.

El hecho cierto es que han conseguido cambiar el sentido del voto, que los iba castigando fuertemente durante los últimos meses consiguiendo que, desde hace unas semanas, las encuestas hayan ido registrando un vuelco del voto a su favor, mientras en partidos como el PSOE o Ciudadanos parece que se han estancado, cuando no han retrocedido. La salida en tromba del señor Pedro Sánchez, en el último debate frente al señor Rajoy, nos pareció que no intentaba tanto conseguir pescar votos del partido del Presidente sino, más bien, que buscaba desesperadamente recobrar protagonismo y confianza dentro de las propias filas del PSOE, que ya empezaban a temer un clamoroso fracaso, basándose en las últimas encuestas publicadas. Que lo haya conseguido o no estará por ver. Sí es cierto que han producido una cierta euforia que, sin embargo, es posible que se quede reducida a aquellos que, fuere como fuere, ya le tenían otorgado el voto al PSOE. En el caso de Ciudadanos creemos que han venido padeciendo o lo han simulado, de una gran dosis de sobre valoración de sus posibilidades de alcanzar la Moncloa.

Las palabras, evidentemente cargadas de soberbia, del señor Rivera, anunciando a bombo y platillo que no pactaría con ningún partido, incluyendo al PP, situándose como ganador y en el puesto de presidente de la nación; es muy posible que, entre los electores españoles, que no son precisamente los catalanes ( donde tiene mayor predicamento), haya causado un cierto descontento y pérdida de confianza, porque parece ser que el candidato de Ciudadanos no tiene prevista más que una gran victoria, por encima del resto de sus rivales, que le permitiera poner condiciones a aquellos que necesitara para poder gobernar.

Es evidente que el posible caso de una mayoría absoluta queda descartado de este panorama político fraccionado y de difícil encaje, al menos, para aquellos partidos que no se quieren entrega en manos de Podemos y sus seguidores. Pero ¿estamos seguros de que el señor Albert Rivera haría ascos a alianzas con el PSOE?, en modo alguno y, no sólo existe esta posibilidad sino que, como hemos advertido en otros comentarios, nadie podría descartar un acuerdo postelectoral, si la aritmética de las urnas lo permitiera, con el mismo señor Pablo Iglesias de Podemos con el que, aparentemente, han tenido puntos de coincidencia en algunos debates en los que han participado juntos y , hemos visto como se han tratado el uno al otro con una benevolencia que no se esperaba del líder de Ciudadanos. No perdamos de vista que, Pedro Sánchez, se ha manifestado en alguna ocasión como partidario, si hiciera falta, de constituir un frente de izquierdas para “impedir” que el PP pueda seguir gobernando, sin respetar la tradición de que el partido más votado fuere el .que constituyera gobierno.

En todas las autonomías en las que, en algún momento, han tenido que recurrir a la alianza de fuerzas de las izquierdas para poder hacerse con el gobierno, los efectos han resultado catastróficos para la ciudadanía. Hemos padecido, en Cataluña, un tripartito de izquierdas que dejó al país al borde de la quiebra, con un fuerte endeudamiento y lo mismo sucedió en Baleares, con el Pentapartito, fruto del cual hubo una serie de actividades corruptas que enviaron a varios de sus miembros a ocupar un lugar en las cárceles nacionales. Una vez más el PP se encuentra enfrentado a lo que, en su tiempo, fue el cinturón de la izquierda o lo que se conoció como el pacto del Tinell. Todo el resto de partidos, junto a los nacionalistas, decidieron negarle el pan y el agua al que mejor resultados había obtenido pero que, para ellos, era la derecha a la que había que anular, impidiéndole conseguir la más mínima probabilidad de sacar adelante ninguna de sus propuestas.

Así fue y durante las legislaturas de Rodríguez Zapatero, el PP desapareció de la escena política, anulado completamente por el resto de fuerzas parlamentaria que paralizaron, sistemáticamente, la discusión en las cámaras de ninguna de sus propuestas. Claro que, el resultado de la política que entre todos los restantes decidieron aplicar fue tan desastroso, se cometieron tantos errores de bulto y se desarrolló una política internacional, entre Zapatero y Moratinos, tan pobre, tan absurda y desconcertante que acabaron por convertirse en el hazmerreír del resto de naciones europeas.

Lo cierto es que, el panorama de estas elecciones se ha oscurecido tanto; se han creado tantas enemistades, diría que hasta personales, y se han empobrecido tanto los argumentos esgrimidos por los distintos partidos a través de la campaña que, los indecisos, aquellos que no han decidido si votar y, en el caso de hacerlo, a cuál de los aspirantes tiene que otorgarle su confianza cuando, en la mayoría de casos, exceptuado el PP que ha deshojado su programa de gobierno para la próxima legislatura, lo que han propuesto, en los distintos debates, no ha sido más que generalidades, tópicos y grandilocuentes promesas de cambio, sin especificar cuáles van a ser estos cambios ni el cómo, ni el cuándo, ni con qué medios piensan desarrollarlo. Tampoco han hablado de si se van a ajustar a la normativa europea, por la que el gobierno del PP se ha venido rigiendo.

El señor de Podemos ya advirtió, al principio, que iban a prescindir de la opinión de Bruselas y el mismo Sánchez, en el debate con Rajoy, dio a entender que se iba a enfrentar con la autoridades comunitarias para discutir la cuantía de nuestro déficit. Mucho me temo que, ni uno ni el otro, hayan tomado debida nota de lo que sucedió, recientemente, en aquella Grecia que se iba a comer el mundo y que, finalmente, acabó por salir trasquilada y ahora está pagando su frivolidad y su desfachatez. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos con gran preocupación a una España dividida, amenazada de sedición y con unos partidos emergentes, bisoños e incapaces de entender el hecho de que estamos en una Europa unida que, para nada, va a consentir que el sur se convierta en un semillero del comunismo internacional. Pensémoslo antes de depositar nuestro voto.

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